Mostrando entradas con la etiqueta trekking. Mostrar todas las entradas

Un país como Islandia no puede conocerse en profundidad si no se pisa. Dedica, por lo menos, cuatro días de tu viaje para hacer el trekking...


La imagen más espectacular del trekking, el lago Alftavatn

Un país como Islandia no puede conocerse en profundidad si no se pisa. Dedica, por lo menos, cuatro días de tu viaje para hacer el trekking que une Landmannalaugar con Pórsmörk, al sur de la isla. Se trata del trekking más popular de Islandia, conocido como Laugavegurinn o Laugavegur. Glaciares, campos de lava, lagos, manantiales de agua caliente, montañas de colores imposibles te esperan.

Día 1. De Landmannalaugar a Hrafntinnusker

Landmannalaugar, inicio del trekking más popular de Islandia

Nuestro primer día de trekking en Islandia fue uno de esos en los que te preguntas ¿Qué hago yo aquí? En medio de maravillosos paisajes, o eso intuíamos, la niebla y la lluvia no nos dejaban disfrutar de ellos. Menos mal que no todo es cómo se empieza…

Llovía en Reikiavik cuando salimos en autobús y llovía en Landmannalaugar cuando llegamos a nuestro punto de partida del trekking. No di ni una oportunidad a la piscina termal… No tenía ningunas ganas de un chapuzón en esas condiciones climatológicas.

Landmannalaugar

Después de comer, sentados en unos bancos de madera cubiertos por un plástico, comenzamos a caminar. El sendero está bien señalizado, la única dificultad era soportar la fina, pero persistente lluvia, y la niebla que nos acompañó prácticamente todo el tiempo.

Atravesamos el campo de lava de Laugahraun, hacia la montaña Brennisteinsalda. Apenas distinguimos nada, salvo las fumarolas de azufre y los neveros que cruzamos. El refugio de Hrafntinnusker surgió como una aparición fantasmagórica tras un collado, después de entre cuatro y cinco horas de camino.

Fumarolas de azufre el primer día del trekking


Fumarolas de azufre el primer día del trekking
El refugio de Hrafntinnusker

Las botas de montaña, los calcetines, el plumas que llevaba por si acaso… todo acabó empapado. Muchos caminantes se agolpaban en la puerta de la cabaña, bien para alojarse, bien para colgar la  ropa mojada en alguno de los clavos del hall, por llamarlo de alguna manera. Solo conseguí un clavo donde colgar el plumas. No podías pasar más allá, si no habías reservado plaza. 

Nos pusimos ropa seca, cenamos caliente y a dormir en la tienda de campaña.

Día 2. De Hrafntinnusker a Alftavatn
El despertar, pasado por agua. Decidimos esperar a ver si mejoraba, mientras secábamos pantalones, calcetines, ponchos… en las estufas de la entrada de la cabaña, prácticamente vacía porque muchos habían seguido ruta bien temprano. 

Así siempre se acierta
Había un anuncio de meteo conciso pegado a una pared: sol, nubes y lluvia. Pregunté a los encargados de la cabaña si tenían más información y la respuesta fue: “Preparaos para lo peor y así no os decepcionaréis”.

Al mediodía empezaron a colarse algunos minutos de sol entre tormenta y tormenta. Esperanza y desesperación continuas. Pero a eso de las cuatro de la tarde, el sol ganó la batalla y los colores aparecieron. Verdes, marrones, rojos…

Segundo día de trekking, de Hrafntinnusker a Alftavatn
Segundo día de trekking, de Hrafntinnusker a Alftavatn

A pesar de que teníamos unas cinco horas de camino, los días eran tan largos que no había problema en salir tarde. Así que a cruzar neveros y ríos. Para pasar el primer río no hubo ni que descalzarse, pero el segundo nos exigió remangarnos el pantalón, calzarnos las chanclas y cruzar agarrados en fila de a uno porque no todos teníamos bastones con los que evitarnos una caída. El agua estaba heladora. ¡Buena para la circulación!

La espectacular vista de todo el valle y el lago donde se asentaba el segundo campamento, el de Alftavatn, respondió a mi pregunta, ¿Qué hago yo aquí? 

Espectacular vista de todo el valle y el lago donde se asienta el campamento de Alftavatn


Día 3. De Alftavatn a Emstrur
El tercer día amaneció azul, precioso. Apenas alguna nube, los colores estallaban…
Tercer día del trekkin, de Alftavatn a Emstrur

Cruzar el río Bratthálskvísl, más ancho que los anteriores, no supuso más que risas. Paramos a comer después de pasar las cabañas de Hvanngil, que hacían de frontera a una zona de tierra negra. Hacíamos fotos, nos reíamos. Parecía que habíamos cambiado de país. 

Y menos mal. Porque si bien cruzamos por un puente el siguiente río, el Kaldaklofskvísl, después llegaría el Bláfjallakvísl y aquí sí que hubo que emplearse a fondo para superar la corriente rápida y heladora proveniente del glaciar.

Puente sobre el río Kaldaklofskvísl
Cruzando el Bláfjallakvísl

Un último puente de madera salvaba el río Nyrðri Emstruá, junto al que paramos para contemplar el entorno. Nos despistamos y seguimos una señal que marcaba un nombre similar a Emstrur. Pero no era Emstrum. Una vez que constatamos que el camino había desaparecido, volvimos sobre nuestros pasos. 

El río Nyrðri Emstruá

El paisaje se hizo después algo monótono hasta llegar a Emstrur, con tres zonas para acampar. Lo malo de llegar más tarde que los demás es que los mejores sitios, en la parte alta, estaban ya ocupados.

Día 4. De Emstrur a Pórsmörk 
Después de la tregua, volvía a llover a la mañana siguiente. Así que desayunamos tranquilamente y esperamos a que escampara para recoger la tienda. Y la espera tuvo recompensa de nuevo. Salimos a eso de la una de la tarde, ya sin llover en todo el camino. 

El último día de trekking tiene un paso con una pequeña complicación, una pendiente pronunciada hasta el puente que cruza el río Syðri Emstruá, pero que cuenta con cuerdas y cadenas que facilitan la bajada.

Cuerdas y cadenas facilitan una pendiente pronunciada
Cuerdas y cadenas facilitan una pendiente pronunciada

Y un río más. El río Þröngá, el más ancho de todos, para poner a prueba lo aprendido durante el trekking, un verdadero curso exprés. 

Superado el río Þröngá

Poco después, en Pórsmörk, acabó nuestro trekking

¿Cómo llegar?
Compramos el billete de ida a Landmannalaugar y la vuelta, abierta, desde Pórsmörk en la estación de autobuses de Reikiavik un par de días antes del trekking, con la compañía Reykjavik Excursions por 12.500 coronas islandesas (precio de 2014). Desde ella, del 13 de junio al 14 de septiembre, sale un autobús diario a las 8 de la mañana a Landmannalaugar, que llega hacia el mediodía; la vuelta de Pórsmörk era a las 16 horas y, entre las paradas previstas, se hace una en Seljalandsfoss, unas cascadas que puedes conocer casi desde todos los ángulos gracias a un camino que la rodea por detrás.

La organización de los autobuses brilla por su ausencia. Más vale ir con tiempo y con paciencia, porque no son puntuales y los conductores no siempre contestan a una simple pregunta…

Eso sí, nadie se queda en tierra. A pesar de que ya no había asientos libres, cuando volvimos al bus después de ver Seljalandsfoss, subió una pareja que viajó sentada en las escaleras hasta la siguiente parada, en la que, sin explicaciones, cambiamos de autobús.

Alojamiento y comida
En el primer caso, hay dos opciones: alojarse en las cabañas que gestiona la asociación Iceland Touring y que puedes reservar a través de su correo electrónico, o acampar en las zonas habilitadas para ello junto a las cabañas. 

Los servicios que encontrarás en el refugio y el camping de Hrafntinnusker son bastante deficientes; el resto los mejoran.

Solo podrás comprar comida en Landmannalaugar y en Pórsmörk, principio y final del trekking, así que te aconsejo comprarla en la capital, en un supermercado Bonus, lo más asequible para viajeros austeros. 

En cuanto al cartucho de gas para el hornillo, también lo compramos en Reikiavik, en una gasolinera. Algunos viajeros dejan el cartucho sin terminar en los alojamientos de la capital, pero la duda es si con lo que queda tendrás para todo el trekking

Recorrido

Perfil del trekking

Día 1. Landmannalaugar - Hrafntinnusker
12 km. 4-5 horas
Subida: 470 m

Día 2. Hrafntinnusker - Álftavatn
12 km. 4-5 horas
Descenso: 490 m

Día 3. Álftavatn - Emstrur
15 km. 6-7 horas
Descenso: 40 m

Día 4. Emstrur - Þórsmörk
15 km. 6-7 horas
Descenso: 300 m

Los kilómetros varían según las fuentes consultadas, pero sirven para hacerse una idea aproximada. Hay quien hace los dos primeros días en una sola etapa; depende de la forma física y del tiempo que quieras o puedas dedicar al trekking

Para los que quieran más, se puede alargar hasta Skógar, lo que supone otros dos días más de ruta.

Si por algo se caracteriza y se conoce Nepal es por las múltiples opciones de trekking que ofrece. Uno de los más concurridos es el que se...


Fin del trekking al Gokyo Ri
Si por algo se caracteriza y se conoce Nepal es por las múltiples opciones de trekking que ofrece. Uno de los más concurridos es el que se dirige al campo base del Everest; nosotros elegimos compartir parte del recorrido de este y desviarnos después para continuar hasta el Gokyo Ri, una montaña de 5.360 metros (la cifra varía según la fuente consultada), para disfrutar así de mayor tranquilidad.

La contrapartida era la pregunta de todo el mundo cuando les contábamos cuál era nuestro destino: “Only Gokyo Ri?”.


Trekking de Lukla al Gokyo Ri

Vuelo a Lukla, punto de partida
Salimos en furgoneta desde nuestro hotel en Katmandú, un poco después de las seis de la mañana, rumbo al aeropuerto Tribhuvan para volar a Lukla, punto de inicio de nuestro trekking.

Nunca deja de sorprenderme el caos de lugares como este, la terminal nacional del aeropuerto de Katmandú. Nos pesaron las 8 mochilas juntas, se quedaron con nuestros billetes y nos enviaron a pagar 170 rupias (las tasas) a una ventanilla al extremo contrario de lo que, más que una terminal, parecía un gallinero. Recuperamos los billetes y nos dieron los resguardos del equipaje, para pasar después por el control y el cacheo, una mujer para las mujeres, un hombre para los hombres. Uno de nosotros, no diré quién, quiso cargar el móvil en un enchufe junto a unos fregaderos donde lavaban grandes cacerolas y, en ese preciso momento, toda la sala de espera se quedó sin luz. ¿Casualidad?

Subimos a una avioneta de unas catorce plazas de la compañía Tara Air,penando por no haber sido tan rápidos como nuestros compañeros de viaje, que ya habían elegido los asientos en el ala izquierda para poder disfrutar de las mejores vistas del Himalaya. Un par de sustos al estómago y un caramelo después, gracias a una azafata que parecía un pez fuera del agua en aquel diminuto aparato, llegamos a Lukla. Las imágenes hablan por sí solas del que es considerado por algunos como el aeropuerto más peligroso del mundo.

El aeropuerto de Lukla, el "más peligroso del mundo"... posiblemente
El Aeropuerto de Lukla cambió su nombre por el de Aeropuerto Tenzing-Hillary en honor de Sir Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay, las primeras personas en alcanzar la cumbre del Monte Everest. Su pista, que mide 450 metros, tiene en uno de sus lados un muro y en el otro, un acantilado.

Increíble, pero a pesar de que todos los indicios hacían sospechar que nuestras mochilas no llegarían a su destino, lo hicieron. Me encantaría saber cuál es la probabilidad de perder las maletas en Nepal y en España para poder comparar…

Y a caminar.

Primer día, de Lukla a Phakding
Lukla es una ciudad de la región de Khumbu, al este de Nepal, y a 2.860 metros de altura, desde donde parte la gran mayoría de los trekking por el Himalaya.


Empezando el 'trekking' desde Lukla
El paisaje de la montaña nepalí es espectacular. El camino, de piedras, está rodeado de árboles y arbustos (algunos me recordaron a las fotinias que había plantado ese año en casa y podían ser, porque crecen en regiones de Asia), casas de colores que forman pueblos acogedores, montañas que acaban en picos nevados, ríos azules que parecen recién pintados. Cruzamos puentes colgantes impresionantes, junto a porteadores que lo mismo cargan 60 kilos de cerveza que cuatro mochilas, peso que no les deja levantar los ojos del suelo.

Después de un par de paradas para comer y descansar un poco, y de pasar Phakding,decidimos alojarnos en una casa solitaria al lado del camino, con un montañero que nos contó que había subido dos veces el Everest, su mujer y Eric, un pequeñín goloso de tres años. La cena que nos prepararon compensó la caminata con creces: sopa de tomate y setas, momos deliciosos (una empanadilla rellena con diferentes ingredientes, como carne o verduras), espaguetis y tortilla de queso.


De Lukla a Phakding

Segundo día, de Phakding a Namche Bazaar
Nada como empezar el día con un buen desayuno: unos chapatis (pan indio hecho de una masa de harina integral, agua y sal) con, por ejemplo, mermelada de naranja y miel.

La subida era dura. Al principio, parecía que tras cada cuesta el camino te iba a dar un respiro, pero nada de eso. Aprovechamos la parada obligada para pagar la entrada al Parque Nacional de Sagarmatha (1.000 rupias, independientemente del tiempo que vayas a estar) para juntarnos y almorzar. Antes de salir de Katmandú, habíamos comprado un permiso denominado TIM (Trekkers’ Information Management System), por el que te registran como senderista, la ruta que vas a hacer y el tiempo que vas a emplear.


Los preciosos ríos de Nepal

El río que cruzamos después me fascinó, ¡qué color! Igual que las montañas nevadas que, de vez en cuando, se asomaban entre las nubes. Una cuesta interminable llegó de repente y sin descanso. Nos separábamos y nos volvíamos a juntar, hasta que alcanzamos Namche Bazaar, la capital comercial de la región de Khumbu, y la terraza que daba la bienvenida a los caminantes.

Elegimos un alojamiento en la vía principal (Kala Pathar), ocupada por multitud de puestos con todo tipo de productos. 300 rupias la noche en habitación doble y otro tanto por la ducha, el lujo de la ruta.


De Phakding a Namche

Tercer día, de Namche a Tengboche
Nos costó salir de Namche. Que si yo compro pan, que si yo, queso, que si cambio euros por rupias (aquí es el último lugar en el que podrás hacerlo hasta el final del trekking), que si por aquí o por allí. El inicio fue exigente, aunque luego disfrutamos un buen rato de llanear entre árboles y montañas, y de la aparición del Ama Dablam. Cuando empezó la subida de verdad, ya no había marcha atrás.

Elegimos seguir vía Tengboche, en parte, por aclimatarnos a la altura, y en parte, por visitar este lugar y su monasterio. En un principio, creíamos que tendríamos que desandar luego lo andado hasta Namche y tomar otra ruta hacia Gokyo, pero nos confirmaron un camino alternativo que habíamos descubierto cuando preparábamos el viaje gracias a Google Earth y que evitaba la vuelta.

Fueron más de 500 metrosde desnivel. Los yaks, y algún caballo, nos pasaban una y otra vez. A media mañana, llegamos al cruce que señalaba la dirección a Gokyo y a Tengboche, de donde nos separaban dos horas. Una vez cruzado el río, todo fue subir y subir. El que parecía el mejor aclimatado del grupo seguía a un porteador con tres balas de hierba sin parar ni un segundo, y yo le seguía a él. A menos de doscientos metros del final de la jornada, la última curva nos dejó ver un templo que anunciaba Tengboche, y la primera gran vista del Everest.

Dejamos los bártulos en la Himalayan House (5 dólares la habitación doble), que nos habían recomendado en el alojamiento de Namche, y nos sentamos a comer con vistas a las montañas más altas del mundo. Nos dedicamos después a contemplar el monasterio, colorido como pocos, los dibujos de dioses y sus formas diferentes… Si queríamos ver el interior, había que levantarse para asistir a misa a las 7 de la mañana.


De Namche a Tengboche

Cuarto día, de Tengboche a Phortse Thanga
El ruido de pasos en la madera del piso superior me despertó antes de las seis de la mañana, así que no tuve excusa para no acudir a la misa que se celebraba en el monasterio. Los monjes estaban sentados sobre tarimas, con mantas, mientras tomaban el té entre rezo y rezo. Algunos se permitían bostezar, otros miraban de reojo a los turistas, otros llegaban tarde… Gestos muy humanos que restaban mística al momento.

Casi tres cuartos de hora después, finalizaron los rezos y los monjes salieron en tropel al sol, mientras se estiraban. Nosotros hicimos lo propio, que allá donde fueres… Los síntomas del mal de altura provocaron que dos personas del grupo regresaran a Namche; antes de separarnos, nos hicimos una foto de despedida.

Y de nuevo en ruta. El encargado del hostal en el que nos alojamos nos acompañó hasta el inicio del camino que nos llevaría a Phortse Thanga, el final de la ruta del día. En teoría, 40 minutos de bajada hasta el río y media hora de subida, que se alargó un poco más… Al llegar, otra persona más del grupo tomó el camino de regreso a Namche por otra vía.


De Tengboche a Phortse Thanga

Quinto día, de Phortse Thanga a Luza
Por la mañana, calorías en forma de torta con azúcar y un té de menta, para empezar una subida más. Mi fuerza de voluntad se rebelaba y se negaba a seguir andando. No ayudó que se nos echaran las nubes encima ni que nos trajeran agua nieve. Yo solo quería llegar.


Subimos de Phortse Tanga a Luza

Paramos en una casa en Luza, Khang Tega View Lodge. Una habitación enorme, con una cama grande y un gran ventanal (100 rupias), heladora, claro… así que mejor pasar el tiempo en el comedor, con una buena estufa, y almorzar una deliciosa y calentita sopa de lentejas (dhal).


Parada y fonda en Luza

Dimos un breve paseo por la zona, hasta otro alojamiento. Pero lo más divertido del día, para algunos, fue el tête à tête de un compañero con un yak, mientras otro le incitaba a acercarse “porque no cabía en el vídeo” y la señora que nos alojaba nos decía, a los que contemplábamos la escena desde el comedor, a salvo y riendo, que ese era el más peligroso de sus yaks, que se alejaran. Todo terminó sin heridas… físicas.

Sexto día, llegada a Gokyo
Madrugamos algo más que los demás días, para andar hasta Gokyo, un pueblo formado básicamente por casas que alojan a quienes planean subir el Gokyo Ri (5.360 m), un pico desde el que se ven varios ochomiles, el Everest, el Lhotse, el Makalu o el Cho Oyu. 

Al fondo, el Cho Oyu, de camino a Gokyo

Una señora salió a nuestro encuentro para ofrecernos habitación en el Gokyo Lake Side Lodge: no nos la cobraría si, a cambio, comíamos en su restaurante. Lo mejor del lugar, las vistas al lago y a nuestra cumbre.


El Gokyo Ri


Cenamos pronto, que había que levantarse temprano para subir la montaña, con sus cerca de 600 metros de desnivel, lo que nos llevarían unas dos horas y media.

Séptimo día, cumbre del Gokyo Ri
Mi primer cinco mil. No sé si será el único o si me atreveré con mayores alturas. No me atrae el sufrimiento que exige ascender las montañas más altas del planeta, pero me encantó andar por la cordillera del Himalaya.

Parecía que el sol iba a calentar nuestra subida, pero nos engañó. Se nubló y eso impidió, además, contemplar las vistas desde la cumbre. Aun así, nos quedamos más de dos horas esperando que se abriera algún claro. El Everest y el Cho Oyu se resistieron a dejarse ver, pero las montañas que descubrimos entre las nubes eran espectaculares.

Pasamos la tarde en el comedor de nuestro alojamiento, jugando con la hija de los dueños y viendo las fotos del tiempo que llevábamos de viaje.


Cumbre del Gokyo Ri

Octavo día, de Gokyo a Phortse Tanga
Abandonar Gokyo nos costó. Los montañeros más aguerridos se volvían, paso sí, paso también, a despedir al Cho Oyu, que entonces sí podíamos ver porque las nubes habían desaparecido, soñando con volver con esa cumbre como meta.

En unas tres horas nos plantamos de nuevo en Luza y tomamos el té con quienes nos habían alojado hacía dos días. Y vuelta al camino, hasta Portshe Tanga.

Lo mejor de estos días, después de las caminatas, era sentarse con los amigos alrededor de una mesa y disfrutar de historias pasadas y sueños futuros.


Dejamos atrás el Cho Oyu y Gokyo

Noveno día, de Phortse Tanga a Namche
No deshicimos exactamente el camino andado, sino que volvimos vía Khumjung,pasando por un monasterio que no lo parecía… Más bien era una tienda con terraza, una estupa y, subiendo un poco más, otra tienda con su respectiva terraza. Lo peor del camino elegido, las escaleras, unas rocas y piedras pequeñas en una pendiente muy pronunciada.

Escaleras en el camino a Namche vía Khumjung

Khumjung me sorprendió, con sus tejados verdes y su animación en la calle principal, llena de puestos. Una subida más hasta acercarnos a una pista de aterrizaje (Shyangboche) junto a un hotel de los que prefieren andar bastante menos y pagar bastante más (Everest View Hotel), y vuelta a bajar hasta Namche y el Kala Pathar, nuestro alojamiento.


De vuelta en Namche

Esa noche, en Namche, celebramos una pequeña fiesta con todo un lujo en Nepal, el jamón serrano que llevaba un montañero previsor, y tiramos el presupuesto por la ventana para acompañarlo de un poco de queso de yak, pan de centeno y unas cervezas.

Décimo día, de Namche a Phakding
La verdad es que pensaba que la vuelta iba a ser más fácil, pero tras cada bajada la subida se hacía más pesada. Paramos un rato a meter los pies en el río, al sol, convertidos en la envidia de todos los que pasaban, y comimos en la casa donde nos alojamos la primera noche del camino.

Seguimos, después, hasta el último alojamiento de la ruta, donde disfrutamos de unas buenas sopas de tomate y de setas, y de la conversación del dueño del lugar, que presumió de haber ganado un concurso de baile sherpa en Lukla.


El puente más largo que cruzamos, 109,50 m

Undécimo día, de Phakding a Lukla
Lo peor de las últimas horas de camino hasta Lukla fue la lluvia, que empezó a las siete de la mañana y parecía no tener fin. Así que nos encontramos con que no había vuelos en todo el día, hasta que escampó un poco y pudieron llegar avionetas desde Katmandú para algunos de los que esperaban desde hacía más tiempo.

De vuelta en Lukla

Al día siguiente, el sol reapareció. El desconcierto en el aeropuerto era monumental. Colas de gente con montones de mochilas tiradas en el suelo, trabajadores corriendo y arrastrando tras de sí a turistas desconcertados… Parecía imposible, pero nos llegó el turno de volar.

Y lo hicimos entre nubes, así que no tuvimos el premio de las buenas vistas. A la llegada a Katmandú, tomamos un taxi con el que nos adentramos en un caos todavía mayor que el habitual de la capital. Los nepalíes celebraban el 1 de Mayo.